Como cuando uno se queda en silencio mirando algo lejano,
aquello que bien nadie sabe qué es.
Como cuando uno se guarda cada uno de sus secretos,
no por miedo, si no por un soplo del viento.
Como cuando uno canta fuerte al sol de la mañana,
y sonríe tan brillante que ni la noche lo apaga.
Como cuando el aroma a tarde de otoño puede sofocar la nariz
y solo uno se tira en el pasto a reír.
Como cuando ya no sirven todas las palabras que aprendí,
si el verde de tu ojos se hizo dueño de mi.
De mi boca, de mi risa, de cada una de mis cosquillas. De mis guerras y mis sueños, de mis ríos y mis encuentros. De cada una de mis horas, de la piel y de mi alfombra. De el día que te vi, de mi vida y cada latir ¿Debería quizá temerle a esto? Si hay algo que no tengo, es miedo.